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CRÓNICA VENDIMIA 2018: UNA COSECHA FELIZ

15/11/2018
CRÓNICA VENDIMIA 2018: UNA COSECHA FELIZ

En Ribera del Duero, Noviembre 2018

Al mirar atrás, te das cuenta de que ha pasado otro año, otro ciclo de la naturaleza, tanto sol, calor. La vida nos regala una cosecha yo diría que “FELIZ”. Todo fluye: las viñas, la fruta, las personas tan profesionales que nos acompañan en este camino lleno de detalles que nos hace sentirnos protagonistas de una nueva creación.

Siempre decimos que el vino es arte, un concierto en el que la armonía depende de todos: las viñas como instrumentos afinados a los que se les da la pauta para interpretar la campaña que termina con la vendimia 2018 representada por nuestro equipo humano bajo la batuta de la tradición, la sabiduría, la intuición y la técnica. La sinfonía terminará cuando probéis la cosecha en proceso.

A veces no recuerdo cómo era antes mi vida sin la familia del “vino”, sin las personas que comparten este proyecto, sin la belleza de los viñedos, sin la confianza de los clientes… Yo lo llamo BELLEZA. Amamos lo que hacemos, volvemos al origen cada año: a nuestra pequeña historia diferente en Pesquera de Duero.

Nuestro relato 2018 es de un ciclo vegetativo de la viña en Ribera del Duero muy corto. Tras unos años de sequía severa, llegó la lluvia de invierno, y una primavera fría y lluviosa. Así que la brotación se hizo esperar, y hemos gozado de una cosecha larga.

En agosto la uva no había terminado de enverar, y llegó el calor, y con él la belleza de la maduración. Septiembre cálido, en el que la uva llega al punto de madurez óptimo al son de un cuidadoso trabajo en las labores de campo para conseguir una maduración homogénea.

Con todo esto nos plantamos a finales de septiembre con la uva en estado óptimo para su recolección. Empezamos por los viñedos más viejos. La recolección se hizo en cajas de 15 kilos que se mantuvieron durante toda la noche en cámaras frigoríficas y se pasaron por mesa de selección. Fueron un total de 40.000 kilos de uva de inmejorable calidad procedentes de los viñedos que controlamos en Quemada. Lo fermentamos de manera espontánea en dos depósitos de pequeño volumen, donde también se maceraron, y hace unos días que se han pasado a barricas nuevas de roble francés donde son batoneadas y donde se llevará a cabo la fermentación maloláctica.

A continuación se vendimiaron nuestros pagos de secano, situados en Pesquera de Duero y Piñel. Como ya sabíamos, la calidad es espectacular y nos ha permitido elaborar con ellas una gama inmensa de grandes vinos. Aquí, y en función del pago del que proceden, encontramos vinos con mucho cuerpo, otros más ligeros, algunos que son como la propia uva hecha vino, otros que nos hablan más del terreno del que proceden por sus aromas minerales, otros completamente florales… en definitiva, una gran cosecha para hacer vinos de excelente calidad. Ya han nacido y se encuentran en plena fermentación maloláctica. Crecerán siguiendo el ritmo de la trazabilidad: envejeciendo en barricas roble francés acompañados por el paso del tiempo y el silencio. La obra se terminará justo en el momento antes del embotellado, cuando hagamos el ensamblaje de éstos vinos, y después la obra la estrenaréis cada uno que descorche esta música para los sentidos.

Ha habido más. Cuando acabamos con la recolección de nuestros pagos de Pesquera y Piñel hicimos un parón de un día para limpiar la bodega a fondo a fin de prepararla para recibir la uva de la bendición, con la que hemos elaborado nuestro vino KOSHER. Tradición y respeto, esto es Kosher, con los rabinos en Nexus y tras la aprobación de éstos a nuestras instalaciones.  La producción de nuestro pago de EL BUEY, uno de nuestros viñedos en Piñel, es ya Kosher 2018. La uva fue directamente al depósito, sin la adición de absolutamente ningún producto. Lo fermentamos a baja temperatura con el fin de conservar todos los aromas posibles y, ahora, está realizando la fermentación maloláctica. Deberíais oler este vino…es uva metida en una copa.

Dejamos para el final de la vendimia la uva procedente de viñedos de 40 años que controlamos en Quemada. Fueron muchos kilos muy seleccionados con los que hemos elaborado nuestros vinos de crianza. Ha sido la fiesta del pueblo: emocionados con estos vinos. Tras la fermentación espontánea se mantuvieron macerando con los hollejos casi 10 días más con el fin de conseguir vinos complejos y así ha sido. Tenemos unos vinos que, aunque aún están haciendo la fermentación maloláctica, ya se les aprecia ese carácter para aguantar una larga crianza en barricas nuevas de roble francés y, más que aguantar, para mejorar y transformarse casi en lírica tras esa crianza.

No se me ha olvidado. Una de las cosas que caracteriza a los viñedos viejos es que hay diferentes variedades y clones, todas envueltas, así se trabajaba antes. Y una de las variedades que abundan en éstos viñedos es la variedad blanca y autóctona de la Ribera del Duero ALBILLO. Pues bien, este año decidimos hacer algo diferente con estas uvas así que las pusimos al sol, tendidas en el suelo, y así las tuvimos hasta que habían perdido un 8% de su volumen. Esto fue a los 12 días de tenerlas al sol. Cuando las teníamos ya en ese punto las transformamos de manera artesanal en la bodega, esperamos a que empezara la fermentación alcohólica y, cuando estaba a un tercio del final encabezamos el vino con alcohol vínico. El resultado es un vino dulce. Yo diría que el primer vino dulce procedente de viñas CENTENARIAS DE ALBILLO, con un color amarillo muy pálido, con una raíz muy floral y una boca cálida, densa muy armoniosa y con recuerdos a frutos secos y flores blancas.

Lo probaréis… está en marcha. Os contagiaremos la felicidad.

Camino Pardo

Sección: Notas de Prensa

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